Un
préstamo es cualquier elemento que, procedente de una lengua, se introduce en otra.
Empezaremos hablando de los préstamos léxicos, que son los más típicos. Es frecuente diferenciar aquí entre un sentido amplio y un sentido estricto del término.
En sentido amplio, cualquier palabra tomada de otra lengua es un préstamo. Por ejemplo, en español lo son
escáner (del inglés),
menú (del francés) y
pizza (del italiano).
Las palabras que no se han tomado prestadas, por su parte, se suelen denominar
léxico patrimonial. En el caso del español, este es el que hemos heredado del latín vulgar, que ha llegado sin solución de continuidad hasta nuestros días, como ocurre, por ejemplo, con
cabeza, chopo, reja y
suegra, que proceden, respectivamente, de
capitia, populus, regula y
socra.
En casi todas las lenguas, incluida la nuestra, se pueden reconocer estratos de préstamos según su grado de integración en el sistema morfológico, fonológico y ortográfico. Algunas palabras son, claramente, cuerpos extraños. Salta a la vista que
outsourcing, warrant o
paparazzi no pueden ser léxico patrimonial castellano. Estas palabras importadas y no integradas son lo que se conoce como
extranjerismos.
El extranjerismo, con el paso del tiempo, se puede ir naturalizando y a veces se llega a asimilar al léxico patrimonial hasta tal punto que tan solo el experto está en condiciones de identificarlo. El español contiene toda una legión de antiguos extranjerismos, como los
de origen árabe, que para el lego en lingüística pasan por palabras tan castizas como las que más. ¿O acaso no lo parecen
abalorio, acicate, adelfa, adoquín, ojalá o
sandía? Pero casi nadie identificaría tampoco como préstamos
mermelada (del portugués
marmelada),
zapato (del turco
zabata),
chaqueta (del francés
jaquette) y
corbata (del italiano
corvatta).
Préstamos en sentido estricto son estas palabras de origen extranjero que se han adaptado a la lengua receptora. No obstante, la diferencia con los extranjerismos no siempre resulta evidente y los criterios que se aplican para deslindar lo uno de lo otro pueden ser de lo más variado.
Aunque no es oro todo lo que reluce. También existen los
falsos préstamos, que son palabras formadas con elementos que pertenecen a otra lengua pero que, o bien no existen en esa lengua como unidad léxica, o bien tienen un significado diferente. Un
slip en inglés pueden ser muchas cosas, pero lo que no tiene esta palabra, desde luego, es el sentido que nosotros le hemos atribuido de ‘calzoncillos’.
Como he dicho arriba, los préstamos más típicos son los léxicos, que constituyen una de las fuentes de las que se alimenta la
neología; pero prácticamente todo puede tomarse prestado.
Hay préstamos sintácticos. Por ejemplo, son importadas del francés construcciones del tipo sustantivo +
a + sustantivo, como las que se dan en
avión a reacción y
champú a la clorofila. Se producen préstamos en el sistema ortográfico. La uve doble era en principio ajena a nuestro alfabeto, pero la adoptamos en su día para escribir los nombres de origen germánico (y nosotros, por nuestra parte, hemos exportado a otras lenguas
grafemas como la
cedilla y la eñe). E incluso hay préstamos fonéticos. Cuando alguien pronuncia
flash a la inglesa, está introduciendo en nuestra lengua un elemento ajeno a su sistema fonético y fonológico. Hasta en la morfología se puede andar de prestado; prueba de ello son híbridos como
puenting, que están construidos añadiendo a una base española un morfema inglés.
Los motivos que hay detrás del préstamo pueden ser de lo más diversos. A menudo, las palabras viajan unidas a las cosas: quien inventa algo nuevo, necesariamente, lo tiene que llamar de alguna forma, y después difunde juntos el objeto y su nombre. Influyen también factores de prestigio e incluso de moda. Pero todos hemos tomado algo prestado de todos. De hecho, las lenguas que más prestan suelen ser también las que más reciben. Es ya un tópico el quejarse de la avalancha de anglicismos que está entrando en español; pero quienes lo hacen suelen pasar por alto que también se han tomado muchas
palabras españolas en inglés.
El intercambio de elementos entre lenguas es un proceso perfectamente normal que se da en todas las lenguas y en todas las épocas. Es parte integral y necesaria de su evolución. No hay lenguas puras en el sentido de lenguas que no hayan tomado nada prestado de otras. Así ha sido siempre y así seguirá siendo.
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Blog de Lengua Española de Alberto Bustos,
Préstamos]